Un potente terremoto de magnitud 6 sacudió el este de Afganistán la noche del domingo, dejando más de 800 muertos y al menos 2.000 heridos, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCAH). La tragedia ha golpeado especialmente a zonas montañosas e incomunicadas, donde las tareas de rescate enfrentan enormes desafíos.
El epicentro fue localizado a solo 27 km de Jalalabad, en la provincia de Kunar, y a una profundidad de apenas 8 km, lo que amplificó la fuerza destructiva del sismo. Las sacudidas se sintieron hasta en Kabul, a 200 km, y en Islamabad, la capital paquistaní.
“Estamos recibiendo un paciente cada cinco minutos. No hay camas suficientes, los heridos están en el piso”, declaró el Dr. Muladad, director del hospital de Asadabad, donde ya han ingresado más de 180 personas en pocas horas.
En Kunar, una de las provincias más afectadas, se han reportado al menos 610 fallecidos, aunque se teme que la cifra real sea mucho mayor. Funcionarios locales describen la situación como “horrible”, y muchos creen que hay decenas de personas atrapadas bajo los escombros en aldeas completamente destruidas.
La geografía montañosa, las lluvias recientes y el colapso de las comunicaciones han convertido el acceso a estas comunidades en una carrera contra el tiempo. Las autoridades talibanas han desplegado helicópteros desde Nangarhar, con más de 100 vuelos de evacuación realizados hasta el momento.
Un país golpeado y con recursos limitados
El gobierno afgano ha solicitado asistencia internacional y varias agencias, incluyendo UNICEF y la Misión de la ONU en Afganistán (UNAMA), ya se encuentran en el terreno coordinando esfuerzos. La ayuda, sin embargo, llega en un contexto de recortes internacionales y acceso limitado por tierra.
“Las casas están construidas unas sobre otras en estas zonas montañosas. Cuando una cae, arrastra a las demás”, explicó Salam Al Janabi, de UNICEF, quien señaló que las prioridades son acceso a agua, salud, protección infantil e higiene.
Las imágenes que llegan desde la región muestran aldeas reducidas a escombros, con pobladores cavando con sus manos para encontrar sobrevivientes. Voluntarios han acudido en masa a los hospitales para donar sangre, mientras los equipos de rescate luchan por llegar a las zonas más aisladas antes del anochecer.
En 2022, un sismo similar dejó más de 1.000 muertos en el este del país. Hoy, Afganistán enfrenta una nueva tragedia de proporciones similares, agravada por la precariedad de sus infraestructuras y la dificultad para acceder a ayuda.

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